Empecé a creer en las familias numerosas un buen día ?o, quizás, fue más bien tirando a malo, pero, como comprenderán, con algo de fantasía tengo que sazonar esta ensalada de palabras o acabarán ustedes yéndose a otro restaurante?, pero no crean que fue ese buen día en el que el reloj biológico te saca la lengua, como hacíamos con aquel chico del colegio que nos gustaba, aún sin quererlo, como si con aquel gesto, entre obsceno, pueril y travieso, pudiera él captar el ultimátum. Empecé a creer en las familias numerosas cuando me enteré de que Zsa Zsa Gabor era partidaria de que toda mujer tuviera, al menos, tres maridos. Yo,
Gafas de sol de Armani, que todavía no he llegado al primero, aunque en mi vida haya habido días radiantes, noches en blanco,
gafas carrera online, lunas de miel y liga, ramos de rosas lanzados al aire, algo prestado, algo viejo, algo nuevo y bastante regalado, contemplo con fascinación la contribución a la defensa de la familia de la actriz húngara, un marido más familiar que Liz Taylor, porque ya se sabe que las gatas, estén encima o debajo del tejado, y sea la techumbre del material que sea, son más independientes en todas y cada una de sus siete vidas. Claro que, para seguir con exactitud el ejemplo de Gabor, hay que tener, además de tolerancia al papeleo y a las disputas domésticas, un ojo clínico para dar con alguien brillante o, en su defecto, capaz de regalarte diamantes. No en vano, la que fuera Miss Hungría comenzó su colección de esposos casi al mismo tiempo que su recopilación de joyas ?afición heredada de su abuela, propietaria de una importante empresa de joyería? y visones, de los que no prescindía, dicen, ni en verano. Cosas del Este. Entre sus consortes hubo de todo, desde un jefe de prensa del Ministerio de Exteriores de Turquía, pasando por el magnate hotelero ?y bisabuelo de Paris Hilton? Conrad Hilton, hasta el actor George Sanders, quien, sin duda, creía tanto o más que Gabor en la familia, pues acabó casándose con su cu?ada Magda.Entre divorcio y divorcio, la actriz tuvo tiempo de mantener sonoros romances,
aviator ray ban, como con el playboy dominicano Porfirio Rubirosa, que inspiró el personaje de James Bond, o con el hijo del dictador Trujillo. Y ustedes se preguntarán de dónde sacaba el tiempo Zsa Zsa para actuar y ponerse a las órdenes de directores tan prestigiosos como John Huston o Vincent Minelli. Tal vez el secreto estaba en no dejar de interpretar nunca, al fin y al cabo ella misma fue el personaje que más fama le dio. ?O han conseguido olvidar cómo agredió a un policía que la detuvo por conducir con el permiso caducado y aquellos cuatro días que pasó en la cárcel? Yo, personalmente, la recordaré siempre como la esposa de un décimo marido, el granjero último modelo, aquella Lisa Douglas que a?oraba su ático de Park Avenue y, probablemente, sus joyas, sus abrigos de piel y esas gafas inmensas desde las que observaba cuál sería su siguiente conquista. Como ella misma dijo, solo quería un hombre que fuera amable y comprensivo. Al fin y cabo, ?es mucho pedirle eso a un millonario?