Hay que reconocer que en España no hay tanta cultura del formalismo como en otros países más nórdicos. Aquí formalizar las cosas se interpreta muchas veces como una pérdida de tiempo, y es habitual que se recurra a modos de funcionamiento más directos.
Es cierto que un exceso de minucia y de detalle en las cosas puede ser perjudicial, sin embargo las cosas estratégicas no se pueden dejar solo a sensaciones y corazonadas. En el caso de los negocios, es por desgracia habitual que se lance una nueva empresa sin haber hecho el esfuerzo de redactar un plan de negocio, ni siquiera una estimación de la rentabilidad prevista o de los recursos necesarios.
Muchos estudios sobre el fracaso de nuevos proyectos apuntan la falta de un plan de empresa como uno de los factores (por supuesto no es el único).
Un
plan de negocio tiene muchas ventajas: es una herramienta que permite tener las ideas claras sobre el proyecto y saber si es viable. Un plan de empresa completo constará de un análisis comercial y de un analisis financiero, y responderá a preguntas como ¿que es lo que vamos a aportar de nuevo? ¿son realistas las ventas estimadas? ¿que rentabilidad vamos a sacar los 3 primeros años? o ¿que financiación externa necesita el proyecto?
Para redactarlo, hace falta entender el proyecto y tener conocimientos suficientes en gestión empresarial. Es mejor que el
plan de negocio sea elaborado por un experto ajeno al proyecto, que tendrá una visión más imparcial y podrá ayudar a mejorarlo.