Os contaré un cuento
Un leñador se levantaba todos los días al salir el sol y se encaminaba al bosque a cortar troncos. Un día se dio cuenta de que el número de troncos cortados iba disminuyendo, por lo que decidió que tendría que trabajar más horas y empezó a salir cuando aún no había amanecido y regresaba a su casa bien entrada la noche. Pero esto aún no bastó y su producción de troncos seguía en descenso.
El pobre se mataba a trabajar sin descanso poniendo todo su empeño en serrar y serrar.
Un día, pasó por allí un caminante que lo vio y le preguntó lo que hacía
¿No lo ve?- respondió el leñador- Corto troncos.
Pero parece usted muy cansado- dijo el caminante
Claro. Llevo trabajando de sol a sol sin descanso.
¿Por qué no para unos minutos, descansa y afila su sierra?-Dijo el extraño; Seguro que cortaría muchos más troncos con menos esfuerzo. No tengo tiempo de afilar la sierra- dijo el leñador- Estoy demasiado ocupado aserrando.